lunes, 10 de septiembre de 2012

Zigzageantes

Palpitas.
Toro, sagrado ser
ataviado de paradojas y envuelto en leones.
Necesitas a una Wislawa que Honre tu sangre.
Necesitas a los astros que negros no hieran tus ojos y ronden tu cabeza.
Necesitas la libertad de los campos y el volcán de los sentidos.
Necesitas la marisma con su azul dormido en los espejos.
Necesitas la luna para escapar de la espada.

El sacrificio se esconde en la flor abierta de tu vida como se esconde en la tiza y en los burdeles donde la infancia compone puzzles con sus lágrimas.

6 comentarios:

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Anónimo dijo...

¿Dónde estás?


No puede ser que te hayan engullido tus versos.

Vuelve, cúrate las alas, que hablen.


Extrañamente, te extraño.


C.

J dijo...

Es raro verse por aquí, leer a Cecilia en su cerezo helado, hablando de Marina, sentir de nuevo la punzada que quieres curar, el dolor que te persigue, quise dejarle un mensaje en su abismo por el temblor de sus bellas palabras tan lejos de Elábura, tan triste y dulce en los ojos de César. Quise morir y el cobarde eligió por mi.

J dijo...

Me alejé de ella roto de dolor, dolor de amor y ahora vuelvo con el temblor de la dulzura en los ojos, en la espera de las palabras, y la desnudo verso a verso en cada una de sus letras, me lia el final de su nombre, me demoro hasta que la belleza se hace insoportable y vuelvo a huir, para pensar que fue un sueño, que es un sueño. Me tomo una cerveza y me pongo a contar gorriones y se me olvida el hielo que habita mi corazón.

Anónimo dijo...

No sé si fue la música tan sublime que escuchaba mientras leía o descubrir cómo desvelabas las letras a un temblor analfabeto, pero entonces llorar al contemplar un paisaje inimaginable, extraño, velado para los ojos que sólo han sabido mirar adentro cabizbajos. Ojos que no sabían leer hasta ahora.

Escríbele si aún no es tarde. Ella ni se imagina y sé que a veces piensa en qué cielos estarás dejando versos.

Anónimamente te abrazo.